Se hace de noche.
Arrastrar de pasos,
cierre de postigos,
las luces se apagan.
Hora de dormir.
Casa silenciosa.
Bajo las sábanas, oración infantil.
"Cuatro esquinitas tiene mi cama,
cuatro angelitos que me la guardan".
El sueño desciende,
el mundo se apaga.
A la media noche,
el reloj de pared
da sus campanadas.
Hora de las brujas.
Espectros que danzan.
En la madrugada,
el sueño se espanta.
¿Hay alguien ahí?.
El armario crece,
su sombra se agranda.
En la pared blanca,
se asoma el fantasma.
"Ángel de la guarda, dulce compañía,
no me dejes sola ni de noche ni de día.
No me abandones, que me perdería".
Procesión de ánimas,
fila de esqueletos portando un candil,
recorren el cuarto
rozando mi cama.
Pasan junto a mí,
no me dicen nada.
"Ángel de la guarda, dulce compañía,
cuídame de noche,
guárdame de día.
Si me desamparas
¿qué será de mí?.
Angelito bueno,
ruega a Dios por mí".
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