Al caer la noche,
en el interludio
del día a la noche,
cuando todos
los espíritus
presionan al unísono
mi pecho,
cuando me resumo
y me cuento
y me registro en los bolsillos,
en ese momento
que las ánimas
se despojan
de sus ancestrales
grilletes
y acuden a mí
como si más carroña
no hubiera en el mundo.
En ese instante
me pregunto:
no habemus poema?



