martes, 8 de enero de 2019

EL HORIZONTE


De niña se me hacía el camino extraordinariamente largo y apenas era capaz de vislumbrar el horizonte, siempre estaba demasiado lejos. Con el tiempo, las caminatas no me parecían tan largas, ni el horizonte tan distante. Hace unos años empecé a notar que, al despertar cada mañana, aquél había avanzado un buen trecho. Perdí el interés en alcanzarlo, pero no podía dejar de caminar aunque quisiera, y lo hacía cada vez más deprisa. Esta mañana estaba tan cerca que me di cuenta de que lo que siempre había creído que era una línea es, en realidad, algo difuso; una especie de niebla espesa y opaca que no permite vislumbrar nada a su través. Los que van delante de mí ya han penetrado en ella y han desaparecido por completo. Ahora estoy a pocos pasos, casi rozando sus primeros jirones. Trato de ir más despacio, pero no lo consigo. Siento mucho frío y desasosiego.

No hay comentarios: